Cuando Teresa de la Parra (Ana Teresa Parra Sanojo, París 1889- Madrid 1936) publicó esta primera y gran novela, Ifigenia, estaba muy lejosde sospechar que esa obra la iba a convertir en la escritora másimportante que ha dado al mundo Venezuela, y en una de las autoras más relevantes del pasado siglo en lengua castellana. Ifigenia fue un título puesto in extremis, justo antes de que lanovela se publicara. Inicialmente Teresa de la Parra la había titulado Diario de una señorita que escribió porque se fastidiaba. Y esefastidio, ese aburrimiento era el de una joven educada en París que de regreso a su tierra natal, Venezuela, topa con una sociedad que no le permitía expresar sus ideas ni elegir su destino. La crítica ha señalado en Ifigenia dos niveles, perfectamentecomplementarios: de una parte, ofrece una dura crítica de la sociedadde su tiempo, crítica que la indispuso con el entonces dictadorvenezolano Juan Vicente Gómez, lo que la llevó a regresar a España,donde había cursado estudios, de otra parte, Ifigenia es un relatointimista, impregnado de humor y de melancolía, que como señaló Arturo Úslar Pietri, sólo podía escribirlo una mujer («Libro mujer:atractivo, oscuro, turbador», escribió Arturo Úslar Pietri en unensayo). Un relato ágil, lleno de ritmo, plagado de ensoñaciones yanhelos, de decepciones y esperanzas.Teresa de la Parra vivió a caballo de Venezuela y Europa. En 1929enfermó de tuberculosis y se trasladó a Suiza para internarse en unsanatorio, donde residió prácticamente hasta su muerte en Madrid en1936. En 1947 sus restos fueron trasladados a Caracas, donde reposanen el Panteón Nacional.