Entre El Señor de los Anillos y La Verbena de la Paloma, el caminointermedio también es un despropósito épico-costumbrista y lo tieneusted en sus manos: Hola, Melón. Esta nueva obra de Cristóbal Ruiz esuna novela de hobbits castizos y de un grifo mágico de cerveza, ElGrifo del Rompeolas. El mito cómico de un barrio, Lavapiés, y susangriento desmentido hacia delante Castellana arriba, a por el mitoplutócrata de otro barrio, el de Salamanca, Mordor, donde el Ojo deSaurón es el monóculo de un marqués. Y en medio de todo su caos, unossentimentales sicarios colombianos y un huérfano ante el que Dickenshabría carraspeado, como mínimo: Damián, el melón. Con siete años, elprimer regalo que le pidió a los Reyes Magos fue un gintónic. Y no selo trajeron. Qué iban a entender unos concejales de mierda de laimportancia de ese combinado.Hola, Melón es tanto un mosaico emocional como un apunte de partiturade la polifónica naturaleza del barrio madrileño de Lavapies. ElMercurio, su periódico libertario, se la explica así: Aunque dudamosde que lo entiendan, el alma de este barrio es lo que hace frescoalgunas mañanas, cuando sales recién duchado a la calle y te estremece esa nitidez en las esquinas alerta. Aunque no nos van a hacer caso,el alma de este barrio ni se sitia ni se cachea. Aquí, cuando hacecalor, lo hace de cojones, cuando hace frío, caen los viejos comopajaritos. Si hay boda, se celebra, si hay entierro, también: la vidasigue, la cerveza se mea y, de vez en cuando, cae una gamba. Solo lereconocemos al estado la Nochevieja, el alcantarillado y la OperaciónRetorno. Sólo le reconocemos a Dios algunas mañas. ¿Que suena unasirena? Pues bomberos, ambulancia o policía. ¿Que suena una tambora?Pues senegaleses, okupas o el corazón de la María, que está enamoradade Seve hasta las cachas. Los camareros, discretos, los borrachos,solventes, las mujeres, guapas, y los amigos, a muerte.