Malele Penchansky se sienta a la mesa para registrar como fielcronista todo tipo de relatos, reales e imaginarios, surgidos entretragos y bocados. Historias de mujeres que supieron combinar lasabiduría gourmet con un refinado erotismo. Partiendo de Eva y sushojas verdes que tentaron a Adán, desfilan por las sobremesaspersonajes como Cleopatra y su rosca de alcauciles, la Malinche y elguacamole que enloqueció a Hernán Cortés y la cautiva Lucía Miranda,seducida a fuerza de manduré frito por el cacique Mangoré. Como anfitriona de un banquete bien surtido, Malele describe conidéntica pasión y gracia el affaire de la condesa Teresa Guiccioli yel poeta Lord Byron a comienzos del siglo XIX en Ravena, Italia.