AA.VV
¿Quién, si busca, no encuentra algún recuerdo de su escuela? Es fácilno saber contarlo tan bien como el poeta, pero si es nuestro deseo, la literatura conseguirá despertar viejos recuerdos dormidos.
Los relatos aquí recogidos, nos muestran dos escuelas distintas: Unarural, pobre, con niños y niñas que dicen «Padre» o «Madre», y estánllenos de hambre, y otra urbana, colegio de ciudad, con niños quedicen «papá» o «mamá», incluso con institutriz propia. Dos escuelas ala vez, vistas desde distinto rincón: La pizarra y el pupitre.