IÑIGO, LUIS E. / ÍÑIGO, LUIS ENRIQUE
Las sociedades occidentales languidecen en nuestros días adormecidaspor el poderoso narcótico de la opulencia. El desarrollo económico,que fue posible gracias, entre otras cosas, a la extensión de losvalores que han hecho de Occidente lo que es, puede ahora causar sudestrucción. Y no porque riqueza y libertad sean incompatibles, sinoporque la riqueza ha tenido como efecto colateral e indeseable minarlas bases de la libertad.En efecto, Occidente, como de algún modo le sucedió a Roma en losúltimos siglos del Imperio, parece haber perdido la fe en sí mismo.Una prueba evidente es el descrédito de la democracia y susinstituciones. Tanto en los Estados Unidos como en Europa disminuye el interés de los ciudadanos en la política, la participación en lasconsultas electorales es baja, la afiliación a partidos y sindicatos,exigua, la dificultad para percibir diferencias entre las opciones,creciente.Europa utilizó su superioridad técnica y demográfica para someter almundo a sus dictados e imponerle sus creencias y valores. Formamosparte de una cultura que propugna como principios básicos la dignidaddel ser humano y los derechos inalienables del individuo, una culturaque ha inventado la democracia y que ha logrado que una parte de lahumanidad haya alcanzado cotas de progreso como nunca antes se habíanconocido. Estos logros constituyen las señas de identidad deOccidente. Conocer la historia del Occidente y reflexionar sobre lamanera en que ha llegado a ser como es hoy, desde los albores de lasociedad hasta el presente, es el propósito de Luis Enrique Íñigo,doctor en Historia y profesor de instituto.