Fueron muchos los alemanes que durante el siglo XIX hicieron de México su hogar. Provenían de todo el universo germano-parlante. Si bien sunúmero nunca fue relevante en términos absolutos, sí lo fue suimportancia económica y social. A fines del Porfiriato muchos de ellos estaban plenamente incorporados a la sociedad criolla y a loscírculos de poder. Uno de los casos más emblemáticos fue el de lafamilia Wiechers, originaria de la Ciudad Libre Hanseática de Bremen.Cuatro hermanos llegaron a México, y uno de ellos en especial,Heinrich Ludwig Wiechers, el indubitable Patriarca de la familia,descolló en infinidad de ámbitos comerciales, empresariales,bancarios, consulares, personales y sociales. Por su importanteparticipación en la repatriación a Austria del cadáver y los soldadosdel difunto Emperador Maximiliano de México, fue condecorado por elEmperador Francisco José de Austria como Caballero de la Orden de laCorona de Hierro de Tercera Clase. Siendo Cónsul de Dinamarca por casi 50 años, primero en Veracruz y luego en la Ciudad de México, fuecondecorado por el Rey de Dinamarca como Caballero de la Orden delDannebrog. Lo que hace muy especial a la familia Wiechers es lacantidad descomunal de información, documentación, recuerdos ytradiciones orales que de los hermanos fundadores han conservado orecuperado sus descendientes o los amigos de éstos. Todo ello nos hapermitido reconstruir la historia, no sólo de una familia enparticular, sino de toda una época, de un México y una Europa que,desgraciadamente, ya se esfumaron.