La obsesión por la muerte y su angustia, el arrebato carnal y sexual,todavía la inocencia y hasta la candidez, la ternura también, elhumor, alternativamente oscuro -oscurísimo- y azul, y ese tono acancioncilla infantil que lo ritma, cargado con todos los atributosdel perverso polimorfo. Y, es verdad, un tinte lúgubre que, engeneral, lo tiñe, siendo no obstante celebratorio en su esencia. Puestodo ello es aquí conjurado en una ceremonia en la que se lleva a cabo una liberación experimentada como un "deseo del deseo sin fin" quesigue -o señala- los dictados del ilimitado juego de su libertad. Esaceremonia requiere de una prueba necesaria -por elemental- parainiciarse a ella: el grito