Jesús, como cualquier otra persona, no se comunicó sólo con laspalabras, sino también con los gestos, por eso su suerpo tiene paralos cristianos una importancia excepcional. Los gestos son a veces más elocuentes que las palabras: por eso, los que seguimos la vida deJesús, no sólo debemos dejarnos interrogar por su predicación sinotambién por la riqueza de sus hechos. Estos gestos de Jesús no son lacubierta opaca que culta su divinidad sino la envoltura transparenteque la desvela visiblemente a los ojos de todos. Este original libronos presenta una guía para ver e interpretar los gestos de Jesús, aveces más elocuentes que sus palabras.