Para comprender los seres vivos hay que entender los genes, losorganismos y el ambiente como tres factores en constante interacción.
En muchos ejemplos fascinantes, Lewontin muestra que la historia deldesarrollo de un organismo es la consecuencia única de dos factores:sus genes y las incidencias de los entornos en los que se haencontrado a lo largo de su vida. Sin embargo, estas dos influenciasestán sujetas, a su vez, al efecto de eventos contingentes al nivelcelular. Además, no existe una separación distinguible entre lasfuerzas externas e internas. El entorno de un organismo no es unapropiedad fija del mundo exterior, sino algo creado por lasactividades de la vida del organismo, que construye, modifica yselecciona los aspectos que para él son relevantes.
Ante la extrema complejidad de estos procesos, no sirve de nadarefugiarse en un holismo ingenuo y oscurantista. Pese a muchaspreguntas aún abiertas, la biología sólo progresa gracias al análisislas partes que componen un organismo. El gran problema es que no hayuna manera única de definir las partes y sus conexiones.
Para comprender los misterios de «causa y efecto» que dan lugar a loscambios evolutivos, no basta la metáfora cartesiana del"organismo-maquina": hay que analizar siempre de nuevo las funciones,delimitaciones e influencias recíprocas de todos los componentes.