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La cuestión sobre si el gobernante debe o no mentir al pueblo ya eraobjeto de debate y reflexión en el siglo XVIII, como muestra el poemaepigramático de Goethe ?Mentira o engaño?, en que el autorfrancofortino manifiesta su talante más cortesano dejando entrever que tal acción era un mal menor o, quizá, necesario: «¿Debe engañarse alpueblo? / Desde luego que no. / Mas si le echas mentiras, / mientrasmás gordas fueren / resultarán mejor».
En 1778, el monarca prusiano Federico II auspició un concurso dedisertaciones filosóficas sobre si era útil para el pueblo serengañado, bien induciéndole a nuevos errores o bien manteniéndolo enlos que ya estaba. Condorcet escribió su disertación para esteconcurso, si bien no llegó finalmente a presentarla.