Las líneas de metro son como las líneas de la mano, se cruzan sincruar, pero unen de una vez por todas, un punto con otro. Losrecorridos en metro nos remiten a momentos en la vida, como si el queconsulta un plano de metro redescubriera de golpe los avatares de lavida y de la profesión, las penas del corazón y la coyuntura política.
Al tomar el metro, cada cual, en función del día y de la hora, pasa de una actividad a otra, de la vida familiar a la vida profesional, deltrabajo al ocio. Las soledades de los usuarios se ponen en contacto,enfrentando idénticas dificultades. Se establecen centenares derecorridos que toman, sin embargo, los mismos empalmes.
La experiencia familiar del metro nos invita a estudiar losmovimientos generales pero también las actitudes particulares.Descubrimos las estrategias de los grandes expertos al ubicarse en los andenes repletos para encontrar su lugar preferido en un vagón.Intentamos descifrar los estados de ánimo que hay detrás de gestos yexpresiones de rostro. En medio de portes de generaciones diversas,súbitamente puede pasarnos por la cabeza la pregunta: ¿a qué edadpertenezco todavía o ya no?
En el metro se conjugan muchas historias, la historia conmemorada porlos nombres de las estaciones y los recuerdos personales que estosnombres evocan. En los encuentros azarosos con miles de otros llegamos a admitir que no sabemos nada de sus convicciones y creencias. (MarcAugé, extracto de la Introducción.)
Tomando como trasfondo las teorías de Lévi-Strauss, Augé formula aquílos conceptos que guían a los enfoques más actuales de lainvestigación antropológica y etnográfica, poniendo en el centro de la atención no el contexto estable de grupos o personas, sino losefectos múltiples de los encuentros casuales que dejan sus huellas ypueden variar en todo momento la dinámica de los movimientosindividuales y colectivos.