ZOREL, DAVID / PÉREZ LÓPEZ , DAVID
La precipitada muerte de Verena en El Castillo Rojo es sufrida yaceptada con dolor y resignación, aceptada por todos por lapredestinación achacada al individualismo. Pero él no es cualquiera,él se enciende con la falta del perfume en su piel.
Alejandro de Varentía luchará contra sí mismo y contra su trato con La Muerte con un afán ciego e incomprensible. ´El no es un cualquiera´,dijo Leonardo de Sand, el sacerdote del templo de Los Elementos, ´quetiemble el mundo si su anhelo se extiende más allá, allá donde yaceahora ella´El no acepta la ida de Verena, él es El Caballero de LaMuerte. Y su trato con la oscuridad será, en cualquier caso, una luzde esperanza ciega.
-´Oh... el amor´-susurró La Muerte con desdén. Pero no fue deje dedesprecio ni indiferencia lo que sintió La Condenada, pues El Mal delMiedo avanzaba a tientas incluso por aquel ser de frías neblinasnegras.