No hay una "receta" para curar, sino un "truco". Es Lacan quien hablade ello: el psicoanalista, a travésde la experiencia, consigue susurrar al paciente algo que está encondiciones de inducirlo a sanar. No es el truco delprestidigitador, no es un particular juego de habilidad. Es precisoque las palabras toquen la carne, pongan en juegoel cuerpo y hagan emerger lo real de la existencia. A veces senecesita mucho tiempo, otras veces es sorprendentementerápido, como en los raros momentos en que la vida, imprevista ybruscamente, mantiene sus promesas.