Prólogo de Xavier AldekoaEpílogo de José NaranjoUna mirada fascinante al continente africanopara descubrir vidas, culturas, tradiciones, sabores y olores, queinvitan al lector a inventar su propia África.Gracias a su trabajocomo reportera, Lola Hierro ha conocido la esperanza de igualdad delas mujeres en Etiopía, ha dormido junto a hipopótamos en Kenia, haadmirado el trabajo de las campesinas del mar en Tanzania, hasaboreado el café preparado a la manera tradicional en Uganda, ha sido alumna de la maestra Doussou Fanéen Malí, ha sido testigo de lasduras condiciones de vida de los refugiados en Níger, ha comprobado la resistencia de los bosquimanos en Botsuana, ha abrazado el mar y eldesierto en Namibia, y ha sobrevivido a las indómitas aguas del ríoZambeze en Zimbaue.Una invitación a viajar en un matatu particular yobservar la forma de vida y los cambios que se producen en unvastísimo territorio en el que, en palabras de la autora, «el tiempose detiene ante nuestros ojos, sí, pero como la noria que para unmomento y permite que nos subamos antes de empezar a girar y llevarnos al cielo».
Prólogo de Xavier Aldekoa
Epílogo de José NaranjoUna mirada fascinante al continente africanopara descubrir vidas, culturas, tradiciones, sabores y olores, queinvitan al lector a inventar su propia África.Gracias a su trabajocomo reportera, Lola Hierro ha conocido la esperanza de igualdad delas mujeres en Etiopía, ha dormido junto a hipopótamos en Kenia, haadmirado el trabajo de las campesinas del mar en Tanzania, hasaboreado el café preparado a la manera tradicional en Uganda, ha sido alumna de la maestra Doussou Fanéen Malí, ha sido testigo de lasduras condiciones de vida de los refugiados en Níger, ha comprobado la resistencia de los bosquimanos en Botsuana, ha abrazado el mar y eldesierto en Namibia, y ha sobrevivido a las indómitas aguas del ríoZambeze en Zimbaue.Una invitación a viajar en un matatu particular yobservar la forma de vida y los cambios que se producen en unvastísimo territorio en el que, en palabras de la autora, «el tiempose detiene ante nuestros ojos, sí, pero como la noria que para unmomento y permite que nos subamos antes de empezar a girar y llevarnos al cielo».