Una mañana de diciembre de 1970, Lorenzo Cordero, histórico periodista del desaparecido La Voz de Asturias, introdujo un folio en blanco ensu máquina de escribir, a fin de redactar su popular columna «Adiestro y siniestro» del día siguiente. Iba por la mitad cuando uncompañero se acercó a contarle que había escuchado en La Mallorquinael rumor de que Franco estaba muriéndose. Un chispazo de ingeniorelumbró entonces en su cabeza de periodista sagaz y socarrón,perfectamente adaptado al juego de mensajes cifrados y dobles sentidos que la censura imponía a los reporteros con voluntad de deslizar, apesar de todo, la realidad en sus crónicas. Cordero escribió: «Dicenque murió el raposu/ camín de la romería./ Que Dios lo tenga en sugloria,/ que buenas gallinas comía...».Cuarenta años después, Lorenzo Cordero evoca, con fina pluma irónica y escéptica, éste y otros recuerdos para moldear una obra poliédrica,caleidoscópica, que tiene tanto de libro de memorias al uso como delibro de historia del periodismo astur y sus protagonistas, manual del buen reportero y alegato vehemente en pos de un periodismo valiente,comprometido y útil.