[...] El nacionalismo se adaptaba tan perfectamente a la doble misiónde domesticar a los trabajadores y despojar a los extranjeros queatrajo a todo el mundo, es decir, a todo aquel que detentara o deseara detentar una porción de capital. Durante el siglo xix, y enparticular durante su segunda mitad, todo poseedor de capitalinvertible descubrió que tenía raíces entre los campesinosmovilizables que hablaban su lengua materna y adoraban a los dioses de su padre. El fervor de semejantes nacionalistas era transparentemente cínico, ya que se trataba de hombres que ya no tenían raíces entrelos parientes de sus padres: habían encontrado la salvación en susahorros, rezaban por sus inversiones y hablaban el idioma de lacontabilidad. Sin embargo, habían aprendido de los estadounidenses yde los franceses que aunque no pudieran movilizar a sus paisanos entanto leales servidores y clientes, sí podían movilizarlos en tantoleales italianos, griegos o alemanes. [...]