Soy abuelo de seis nietos varones y de Claudia, única nieta llegadaúltimamante. El día de su bautismo, toda la familia reunida locelebramos con gran júbilo y hermandad.A ella, a todos los presentes, y en especial a sus padres y padrinos,les hice llegar estas palabras: ôVosotros debéis ser muycelosos con ella, protegerla y educarla en la Realidad, alejada depaternalismos y concesiones excesivas e innecesarias, para que-según Platón- ôsu cuerpo y su alma alcancen la belleza y perfecciónde que son susceptiblesö. Y a Claudia le aconsejé:En toda tu vida sírvete siempre de la verdad, de la razón y del buensaber: te sentirás muy fuerte y segura.Con estas palabras quería yo insertar a los suyos más cercanos que sea educada en el seno familiar con equidad, equilibrio y mesura.Pienso, y creo no equivocarme, que una gran cantidad de niños yjóvenes rebosan de beneficios, son poseedores de cuanto necesitan yse les antoja en todos los órdenes, formando unos cimientos que pueden ser muy contradictorios con lo que encuentren posteriormenteen la vida adulta. La disciplina, el orden y el sacrificio sonconceptos desconocidos y no practicados por un gran número de niños yjóvenes. Entiendo que, porlo general, puede existir un exceso de protección y paternalismo delos padres y abuelos hacia aquéllos, y que posiblemente no lesbeneficie con la certidumbre que desean estos protectores.Cuanto termino de rubricar, establece un enorme contraste con lasexperiencias tan crueles que tuve a la tierna edad de 10-11 años, yque relato en este libro.Un aforismo aristotélico dice: In medio virtus (la virtud está en elmedio). Evitemos y denunciemos los dos extremos.