Tamara Kamenszain ha escrito, entre divanes, sus libros de poesía. Encada uno ha corregido un poco la novela de su vida y dicho en voz alta borradores de poemas donde la voz del analista quizás haya imaginadouna metáfora o, simplemente, no impedido su creación. Pero estoy lejos de proponer al analista como poeta exfoliado: hay tanta distanciaentre el "producto" que ocurre en el diván y el poema, como entre elcontenido inconsciente y esa interpretación que se acepta precisamente porque hay otras.