Y yo le dije: «Mira, te estás arriesgando al hablar conmigo».Y él respondió: «No me importa».En Si esto es un hombre, Primo Levi escribió: «Creo que es a Lorenzo a quien debo estar vivo hoy». Pero, ¿quién era Lorenzo Lorenzo Perrone, que así se llamaba, es la pieza del puzzle de la biografía de Primoque nos faltaba por conocer: un albañil piamontés que vivía frente ala valla de Auschwitz III-Monowitz. Un hombre pobre, casi analfabetoque durante seis meses llevó a Levi un plato de sopa cada día paraayudarle a compensar su desnutrición en el Lager. Y no se limitó aayudarle en sus necesidades más concretas: fue mucho más allá,arriesgando incluso su vida para permitirle comunicarse con sufamilia. Cuidó de su joven amigo como sólo un padre podría haberlohecho. La suya fue una amistad extraordinaria que, nacida en elinfierno, sobrevivió a la guerra y continuó en Italia hasta la agónica muerte de Lorenzo en 1952, doblegado por el alcohol y latuberculosis. Primo nunca le olvidó: hablaba a menudo de él y puso asus hijos nombres en recuerdo de su amigo. Este libro es la biografíade una de una de esas personas que viven sin dejar, aparentemente,huella ni recuerdo de sí mismas. Pero que, bien mirado, son laverdadera piedra angular de la humanidad.