Un invierno particularmente riguroso, Matthieu Berthod se encuentraconfinado durante varios días en el chalet familiar y se pone aindagar en la biblioteca del difunto abuelo, donde encuentra una parte de las obras completas de C. F. Ramuz, con una encuadernaciónMoleskine amarillo pálido, que lleva lustros esperando a ser retiradade su estantería. Escoge Nouvelles et morceaux, y de pronto se sumerge maravillado en una lectura sin interrupción. De esta colección derelatos cortos, cercanos al cuento, que tratan temas universales, conun estilo inimitable y extremadamente visual, nace poco a poco elproyecto de su recreación en imágenes. Matthieu Berthod elige adaptarcuatro relatos. Cuatro relatos inscritos en un microcosmos montañero y campesino suizo romano, en un mundo rural que vive casi en laautarquía y que desapareció hace un siglo, pero que conoce bien porhaber oído describirlo con pelos y señales a los viejos de laregión.
Aquí, un anciano recuerda y cuenta que siendo un joven adulto, seperdió en la montaña y sintiendo el fin inminente, se salva por elamor que siente por los suyos en El hombre perdido en la niebla. Allí, cede la palabra a La gran Alice, la "puta de pueblo", como la nombraen una de sus cartas, a quien se guarda bien de juzgar según lasnormas de la moral establecida. El antiguo se impregna de lofantástico y relata las últimas horas de un campesino que cree estarposeído. Por último, traspasamos el umbral de lo maravilloso en elensueño del paraíso posible que designa La paz del cielo.
Las emociones que atraviesan estos relatos, los puntos de vista quedesarrollan y las atmósferas que desprenden, tienden al lector deprincipios del siglo XXI un espejo inesperado en el que se reconoce.Esta sensación de semejanza ha guiado sin duda el trabajo de MatthieuBerthod, que ha intentado captarla mediante el dibujo, reapropiándosede los textos y desdeñando los códigos clásicos del cómic para ponerse al servicio de la literatura por completo.