A pesar de que somos la suma de todas nuestras pérdidas y que ellasnos enriquecen como seres humanos, muy pocos han sabido ver qué haydetrás o delante de la sombra de lo que fuimos. El frutal del adióssugiere posibles respuestas a este interrogante a partir de uncancionero dirigido a una niña que acaba de nacer. El poemario nosinvita a regresar a períodos perdidos de nuestra infancia y a retomarel poder del descubrimiento característico de esta etapa de la vida.El tono meditativo de muchos de los poemas supone un bálsamo quealivia al lector de los asedios de este nuestro mundo ajetreado porvaivenes, por prisas que no nos llevan a ningún lugar. Por eso lamirada al niño que todos hemos sido acaba devolviéndonos a laautenticidad, al paraíso recobrado, imprescindible para vivir desde la plenitud de nuestro ser: Dejar estar la cosas / que encuentren sulugar/ un poco sin nosotros./ Desaparecer justo a tiempo./Noagrietarnos el ánimo buscando/ventana en el viento, solidez en el mar.