SARAMAGO , JOSE / SARAMAGO, JOSÉ
Puesto que ya muchos han intentado escribir la historia de losucedido entre nosotros, según que nos ha sido transmitido por losque, desde el principio, fueron testigos oculares y ministros de lapalabra, me ha parecido también a mí, después de informarmeexactamente de todo desde los orígenes, escribirte ordenadamente,Optimo Teófilo, para que conozcas la firmeza de la doctrina que hasrecibido. LUCAS, 1, 1-4 El Evangelio según Jesucristo responde aldeseo de un hombre y de un escritor de excavar hasta las raíces de lapropia civilización, en el misterio de su tradición, para extraer laspreguntas esenciales. ¿Quién ese este nuestro Dios, primero hebraico y ahora cristiano, que quiere la sangre, la muerte, para que searestablecido el equilibrio de un mundo que sólo de sus leyes se nutre? ¿Cómo puede la nueva ley ser ley de Amor si aún pesa sobre el hombrela hipoteca de la condenación eterna? ¿Cómo puede pensarse criaturadivina digna de la inmortalidad, el hombre, si durante toda suexistencia debe someterse a una ley de terror que preexiste y esexterior a él? ¿Por qué debemos temer el castigo eterno cuando elcastigo, para el justo, debería ser en esta nuestra vida, en elremordimiento y en la conciencia de nuestra indignidad? El Evangeliode José Saramago es todo así, trágicamente problemático, y seríaabsurdo condenarlo con leyes, que no sean sus propias leyes,literarias, poéticas y filosóficas. Aquí no se niega lo divino, lareligiosidad latente en el corazón de cada hombre: lo que se hace esinterrogarlo, cuestionarlo, acusarlo. Apasionadamente, religiosamente. Como Milton, situado en el lado del perdedor, que es siempre, no loolvidemos, un ángel caído. LUCIANA STEGAGNO PICCHIO