En sus viajes por el Atlántico los europeos no sólo descubrieronnuevas tierras, sino también nuevos pueblos hasta entoncesdesconocidos, con sus propias costumbres y religiones. Estosencuentros, que comenzaron en las Canarias en 1341 y prosiguieron enAmérica desde 1492, les planteaban una serie de preguntas: ¿Eran estas gentes descendientes de Adán, del mismo linaje que los habitantes del Viejo mundo, o fruto de otra creación? ¿Poseían un alma y lacapacidad de conocer a Dios? ¿Tenían el derecho a ser libres ygobernarse a sí mismos o debían ser tutelados? David Abulafia centrasu atención en el aspecto humano de estos encuentros, y en la forma en que se pasó del asombro del descubrimiento de una naturaleza humanacomún a la práctica de la explotación, sentando un precedente para laposterior conquista europea del mundo. Como ha escrito el profesorFernández-Armesto, este libro «nos lleva al corazón mismo de unacuestión que importa muy especialmente al mundo actual».