En el mundo globalizado de hoy la histórica apelación a la «lucha porel derecho» se conjuga como lucha por los derechos. Una innegablenecesidad de derechos se manifiesta por doquier, desafiando cualquierforma de represión. Ya no son solo derechos que extraen su fuerza deuna formalización o de un reconocimiento desde lo alto, sino derechosque germinan en la materialidad de las situaciones fuera de losámbitos institucionales acostumbrados, en lugares de todo el mundo que son «ocupados» por hombres y mujeres que reclaman el respeto por sudignidad y por su misma humanidad.Esta nueva llamada a los derechos fundamentales supone una mutación en la naturaleza de la ciudadanía. Nuevas modalidades de acción y nuevos actores se contraponen a la supuesta ley natural del mercado y a supretensión de incorporar y definir las condiciones para elreconocimiento de los derechos. El «derecho a tener derechos»construye así un modo distinto de entender el universalismo, haciendohablar el mismo lenguaje a personas alejadas entre sí y poniendo enmarcha una revolución de los bienes comunes.