Cae la noche sobre Londres y mientras tanto, detenida en el Támesis,una pequeña embarcación aguarda el reflujo de la marea para salir amar abierto. En medio de la oscuridad y del perezoso silencio de laespera, Charles Marlowe evoca los tiempos en que, empleado comocapitán de un vapor fluvial por la compañía comercial encargada deexplotar económicamente un vasto territorio en el centro de Africaatravesado por un caudaloso río, tuvo que remontarlo en busca delenigmático Kurtz, un agente de la Compañía que emprendió el mismoviaje y que parece haber sido devorado por la selvaà