ISHERWOOD, CRISTOPHER / ISHERWOOD, CHRISTOPHER
En 1947, casi treinta años antes de que Bruce Chatwin emprendiera suya mítico viaje a la Patagonia, Christopher Isherwood se embarcó enuna travesía de seis meses por Sudamérica. Isherwood evitódeliberadamente leer a profundidad sobre el continente, pues laaspiración de quien hace un diario «es más la de trazar un paisajeimpresionista y espontáneo que la de hacer algo perentorio». Asimismo, consideraba que «si hubiese tenido un conocimiento más amplio lo másprobable es que hubiese generado en mí cierto complejo de inferioridad y una humildad que habrían sido contraproducentes».
El cóndor y las vacas -catalogado por el autor como uno de sus mejores libros- es el resultado de ese viaje. De inmediato seestableció́, como una crónica clásica, debido a la mordazcapacidad de observación del autor, que realiza el mejor homenaje alos sitios visitados al narrar sus experiencias sin idealizaciones nisentimentalismos. Isherwood se maravilla ante la diversidad de uncontinente que cuenta con policías dedicados a prevenir suicidios alborde de un precipicio, donde cerdos y cabras descienden hacia unallanura en paracaídas, o en el que un golpe militar fracasa porque elpresidente finge haber perdido el sello necesario para darle carácteroficial a su renuncia, pasa tiempo con figuras literarias comoVictoria Ocampo o Jorge Luis Borges (de quien escribe: «Conoce laliteratura inglesa clásica y moderna como muy pocos ingleses yamericanos y es capaz de recitar párrafos enteros de los autores másinesperados, con comentarios de lo más divertidos y sutiles») yadvierte señales premonitorias de los anos violentos que desembocaránen dictaduras
militares. A fin de cuentas, considera que es un continente decontrastes donde algo se están cocinando: «Y va a seguir cocinándosecon el mismo misterio, el mismo ruido, la misma furia, a través de los tiempos que se acercan».