El escándalo por una caricatura de Mahoma en una revista danesa, elsecuestro del semanario satírico El Jueves, los atentados contraCharlie Hebdo, el caso Zapata... La cuestión del humor y de suslímites está innegablemente a la orden del día y Darío Adanti, uno delos fundadores de la revista Mongolia, la plantea en Disparen alhumorista a través de un ensayo en viñetas que no sabe si definir como una defensa contra la corrección política, un método para salvar alhumor de la tendencia totalitaria de Occidente o una herejía contratoda religión.
Para Adanti, el humor es un género de ficción y la ficción tendría que ser ese lugar sin límites, como lo son la tragedia, la épica, laaventura o la poesía, lo que debería tener límites no es el humor,sino el cuándo y el dónde de la representación del humor, es decir, su contexto. Mantiene que ´para respetar sentimientos y creencias,algunos proponen limitar el humor y la libertad de expresión. Arrojanla idea laica de la libertad de culto a la cabeza del propio laicismo. Utilizan un concepto de Voltaire para negar el pensamiento deVoltaire. Usan una idea de la Ilustración para anular la idea misma de la Ilustración´.
Adanti denuncia en este ensayo gráfico que estamos en una sociedaddonde el cerco al humor se cierra cada vez más, no sólo desde elpoder, sino también desde el ámbito moral, y que tanto los sectoresconservadores como los más progresistas tienden a preferir censurar,silenciar, y en definitiva disparar al humorista, para evitar que suvoz escueza, cuando el humor precisamente consiste, en palabras delautor, ´en sacar a la luz nuestros miedos, nuestros pensamientososcuros, nuestras crueldades y debilidades, es exorcismo de nuestrosmales y reflejo de lo peor de nosotros mismos´.