Esta conferencia de Sloterdijk, redactada y leída para una jornada enhomenaje a Derrida el 21 de noviembre del 2005 en París, conforma unode los intentos más logrados de hablar de este último, al mismo tiempo que desvela la profunda solidaridad e intimidad entre ambos, ydesplaza radicalmente los marcos habituales de categorización delfilósofo francés, entre fenomenología y deconstruccionismo, alpresentar y defender la tesis de un Derrida egipcio. Si la escasez deobras "tratando con" Derrida resulta patente, si todavía, tal como lopreveía él mismo, sus lectores no han realmente surgido, hemos deconsiderar este libro de Sloterdijk como un retrato fecundo deDerrida, abriendo, dentro de los limites del formato de laconferencia, pistas poco labradas que sitúan y enmarcan su trabajo.«Jamás olvidaré el momento en que mi editor alemán me preguntó,durante mi paso por la Feria de Francfort, en octubre de 2004: "¿Sabes que Derrida ha muerto?". No lo sabía. Tuve la impresión de ver caerun telón frente a mí. El ruido del pabellón donde se realiza la feriaquedó de improviso relegado a otro mundo. Yo estaba solo con el nombre del difunto, solo con un llamado a la fidelidad, solo con lasensación de que el mundo se había vuelto súbitamente más pesado y más injusto, solo con el sentimiento de gratitud por lo que ese hombrehabía demostrado. ¿De qué se trataba, en fin de cuentas? Acaso delhecho de que aún es posible admirar sin volver a ser niño» (PeterSloterdijk).