¿Qué vida es esa de la que hemos de defendernos para poder vivir?¿Cuál es el secreto de su imposibilidad? Afirmar la vida espreguntarse por ella. El querer vivir es siempre una sorpresa. Cadadía salimos al encuentro de una presencia desconocida que ningunacerteza infantil, ni idolatría social consiguen aniquilar. Laexperiencia de la vida es la experiencia de la propia extrañeza, ladel otro que somos en el corazón de nuestra intimidad. Nos hacemosdaño, degradamos nuestro dolor para hacernos compañía y convertir laangustia en miedo. No obstante, la desdicha nos habla de un deseo y de un dolor que alientan el querer vivir. Cada día alguien habla paraser escuchado, incluso desde la certeza de que nunca va a serescuchado. La palabra es desconsuelo de su ausencia. El daño, por elcontrario, es el consuelo de la presencia inmediata. ¿Con quéherramientas se fabrica la atención que aguarda lo inesperado? ¿Quéatrevimiento nos lleva reflexionar sobre la dignidad del dolor sinprecipitarnos en la hipocresía doctrinaria? ¿Qué doctrina nos podríajustificar?Cada encuentro con un ?paciente? es inédito. Y, sin embargo, ennuestras categorías, en nuestros esquemas conceptuales, permanecemosen el más estéril y rutinario ritual recitativo. Pensar la clínica del sujeto no es un añadido consolatorio a una autosatisfechaobjetividad. Se trata de impugnar la objetividad de raíz, a la esperade lo inesperado, de lo que está aún por suceder.