La trinchera ideológica es otra vez el signo de los tiempos. Dividirel mundo entre buenos y malos empobrece la mirada y atrofia elcerebro. El fanático es peligroso, pero ante todo es aburrido, seacual sea la religión que profese. Esta es tan sólo una mirada sobre la mayor crisis de estado desde la restauración de la democracia enEspaña.