MARQUES BRINGEL, BRENO / CASTRO, JOSE
La entrada en prisión de Luiz Inácio Lula da Silva el 7 de abril de2018 dio la vuelta al mundo y acaparó la atención de los principalesmedios de comunicación y redes sociales. No era para menos. El que fue uno de los jefes de Estado más populares del planeta, cuyo liderazgoinspiró a numerosos países, terminaba en la cárcel con una condena de12 años por corrupción. Los seguidores de la escena política brasileña reaccionaron con estupefacción y sorpresa: ¿cómo ha podido una figura como Lula acabar en la cárcel? ¿Cómo, en tan poco tiempo, el país del futuro, que crecía a buen ritmo y con políticas que parecían agradara una gran mayoría, se desplomó con tanta rapidez?Para gran parte de la izquierda, la prisión del principal líder delPartido de los Trabajadores se trata de una perversa persecución, deuna venganza por haber favorecido a las clases populares. Pero, porotro lado, la lucha contra la corrupción ha movilizado a sectores muyamplios de la sociedad brasileña, lo que ha creado un clima depolarización y enfrentamiento en el que el poder judicial ha pasado aocupar un espacio central en la dinámica del país, con enorme impactoen la política. Nos encontramos en una situación enmarañada que poneen duda la renovación de la izquierda en Brasil, y si esta podráavanzar dejando atrás su posición hegemónica y desarrollista. Tambiéncabe preguntarse qué proyectos serán capaces de ofrecer las fuerzas de centro y de derecha para las próximas décadas, más allá del recortede derechos y fondos, la privatización de empresas públicas y lasubordinación global del país.