Cuando Rebeca dejó la colonia Monte Laurel pensó que también dejabaatrás lo peor de su adolescencia: el sobrepeso, el bullying, elrecuerdo de su madre fallecida. Ahora, cuatro años más tarde, no puede creer que tenga que regresar al lugar en el que tanto daño lehicieron y verse obligada a participar en el juego que su hermano ydos chavales más han construido en el instituto: un inocente pasajedel terror de resultados, sin embargo, inexplicables. Quienes lo hanprobado ya no han vuelto a salir. Nadie sabe qué pasa tras aquellapuerta, pero todos los vecinos quieren confirmar el rumor que se haextendido por toda la colonia: el pasaje sabe algo de todos ellos, decada vecino, incluso lo ya olvidado, aquello que fue enterrado bajo el barro para que nunca más volviese a emerger a la superficie.