El eco de las demandas de derechos humanos resonó en todo el planeta a lo largo del año, que comenzó con protestas en países donde larepresión de la libertad de expresión y reunión era una prácticahabitual. Pero, al finalizar el año, el descontento y la indignaciónante el hecho de que los gobiernos no garantizaban justicia, seguridad ni dignidad humana provocaron que las protestas prendieran en todo el mundo.
Un denominador común a todas estas protestas, ya fuera en El Cairo oen Nueva York, fue la rapidez con que los gobiernos se aprestaron aevitar la protesta pacífica y silenciar la disidencia. Las personasque se echaron a la calle mostraron un inmenso valor ante la represión -a menudo brutal- y el uso abrumador de medios letales.
En un año de disturbios, transición y conflicto, son demasiadas laspersonas a quienes se siguen negando sus derechos más básicos.Conforme aumentan las demandas de mejor gobierno y mayor respeto porlos derechos humanos, este informe muestra que los líderes mundialesaún no están a la altura de este reto.
Millones de personas salieron a las calles de sus pueblos y ciudades,en un torrente de esperanza por lograr justicia y libertad. Ni larepresión más brutal consiguió silenciar las peticiones cada vez másurgentes para acabar con la tiranía, pues la gente demostró que ya noseguía dispuesta a soportar sistemas de gobierno no cimentados en larendición de cuentas, la transparencia, la justicia y la promoción dela igualdad.
Este informe no sólo da testimonio de las dificultades de quienesviven sumidos en la oscuridad de las violaciones de los derechoshumanos, sino también de las personas a quienes la dignidad humana les sigue sirviendo de inspiración para actuar.