AA.VV
La figura del diablo ha estado presente en la cultura popular desdetiempo inmemorial y su representación en el arte románico pone demanifiesto el interés o preocupación que su horripilante imagendespertaba en las gentes del medievo. Para el hombre de aquella épocala existencia del demonio era tan real como la vida misma y susacciones entraban de lleno en el ámbito de lo cotidiano. En unasocasiones sus malas artes provocaban el rechazo ante el futuro destino del alma en el más allá, mientras que en otras su presencia erarequerida mediante conjuros, hechizos y otras facetas de lanigromancia. La morada infernal cobró también un interés especial,pues a la inquietud que suponía el miedo a una condena eterna, seañadían los propios suplicios que se aplicaban en dicho lugar. Se creo así un submundo demoníaco en el que Satán y su caterva de demoniosatormentabancon toda clase de tropelías a los desdichados que caían en sus garras. Para contrarrestar el poder de estas acciones negativas el hombremedieval se proveyó de eficaces antídotos materializados en amuletos,talismanes y otros artefactos.En este libro se tratará de enmarcar estas imágenes demoniacas en lascoordenadas ideológicas en las que fueron creadas, tanto en loreferente al pensamiento eclesiástico como a la mentalidad del hombrede aquella época.